lunes, 27 de enero de 2020

Las patas





Entre ella y él había una distancia inmensa, tan gigantesca como el área que divide un polo del otro, ella, ubicada en una orilla de la cama, él en la otra.

Las manos impacientes, pero ellas obedecían al orgullo del corazón y a la sensatez del cerebro; conciliar el sueño se tornaba difícil pues la distancia estaba acompañada de mil pensamientos, unos buenos, otros malos, cada uno de ellos marcaba aún más esa distancia.Sin embargo, en esa distancia y en la parte inferior de  la cama posaban las patas, cuatro en total, unas talla 37, las otras, 39¡, no sé  a ciencia cierta si es que la parte inferior de la cama es más corta, o si las patas no obedecen al corazón y al cerebro,  lo realmente insólito, es que una 39 rozo la 37, en principio un roce, un roce leve, algo así como un dedo tocando la planta, vino una caricia para finalmente lograr que las cuatro patas iniciaran un ritual de profunda calidez; las patas lograron hacer ellos dieran vuelta, que una mano buscara la otra, que la mano de ella se posara en el rostro de él, y la mano de él en su cadera.. Y Así fue como las patas lograron que dos polos rindieran tributo al amor, y en la mañana, un beso fuera el inicio, el compartir un desayuno el más lindo ritual y un abrazo marcara un nuevo comienzo.

¿Quién controla las patas?

¿Por qué no nos reconciliamos en Colombia?


La reconciliación trae consigo una triada que debe completarse, sin una de ellas, la reconciliación no se da. –Verdad, Justicia y reparación.


No sé cuál de los tres es el que menos se cumple, en casos los tres no, sin embargo, uno de los que más les duele a las víctimas es la ausencia de la verdad, la verdad escuchada por sus victimarios.

Las mamitas de Soacha y enfrentadas al duelo de la partida de sus hijos tienen hoy algo de justicia pues en casos hay personas condenadas, tienen reparación pero les falta algo, la verdad, esa que ya saben, pero la quieren escuchada por sus victimarios.

Ese desequilibrio hace que las almas de estas mujeres hoy se estén quemando, y no es que la verdad dicha por el victimario les otorgue una paz completa, es que les va otorgar la posibilidad de quitarse de sus espaldas un peso similar el de un rollo de alambre de púas.

Hay que reconocer en algunos líderes paramilitares y guerrilleros el coraje que tuvieron al pedir perdón y entregarse a la justicia, al reparar, pero sobre todo, hay que reconocer el coraje de decir la verdad; y por el contrario, hay que desconocer y no aceptar lo vil de victimarios, que a pesar de saberse la verdad, tener las pruebas que así lo condenan, no solo no reconocen la verdad, si no que adicional, se ofuscan cuando se les indaga…